La escritora María Inés Lanfranchi, que encontró en Merlo su espacio, tiene un nuevo libro a punto de nacer. Seres Mitológicos de San Luis y otros relatos, una obra que hurga en el universo de lo fantástico.

Con tres obras publicadas-, El tajo, Laberinto y  Diario de una búsqueda-, María Inés Lanfranchi se ha consolidado como una de las más exquisitas narradoras. Quizás porqué su literatura contiene un mundo intertextual que va desde lo onírico a lo palpable. En sus letras nada es tajante.

Su necesidad de escribir siempre estuvo presente, como un ser que habita y quiere descansar entre papeles. Pero fue cuando decidió dejar la capital del obelisco y radicarse en la Villa de Merlo, que esas voces se materializaron en tres obras y una a punto de nacer.

El tajo, su primer libro, está compuesto por cuentos oníricos. “Fue producto de una cirugía de extracción de tiroides. Por el lugar en el que quedó la cicatriz (el tajo) interpreté que allí había palabras no dichas que agrandaron mi órgano y salieron gracias a la cirugía. Ese libro considero que es un grito, una declamación de todo lo guardado por años”, describe Lanfranchi

En el 2015 sacó a la luz Laberinto, inspirada en cuentos de Roberto Fontanarosa, este libro explora la violencia de género y la sexualidad. En el 2017 presentó su tercer obra Diario de una búsqueda, tiene una estructura mixta, cada supuesto capítulo comienza con un diálogo entre una buscadora llamada Nei y su Maestro llamado Cir a lo que le sigue un cuento o relato fantástico de lo que esa enseñanza desplegó.

En su libro Seres mitológicos de San Luis y Relatos fantásticos, le da vida a personajes extraordinarios que habitan en el país de la memoria. Este libro tendrá el gran privilegio de ser ilustrado por Fernando Molinari. En breve ya comienza a revisar los textos en tutoría con Liliana Bodoc nuevamente. “Hacia principios del 2016  Molinari me llamó para proponerme escribir sobre Seres Mitológicos de San Luis y él ilustrarlos. Y acepté. Me involucré con las percepciones que me dan las sierras y las que reciben las personas de la zona, esa primera parte ya está trabajada y Fernando ya comenzó a ilustrarlas aquí en la Villa de Merlo”, agrega la escritora.

Estas tres últimas obras marcan de alguna forma su entrada a la literatura fantástica.

“Descubrir los Dragones, las Mujeres de Saber y los Dioses Andinos de Ciruelo Cabral fue un bálsamo en mi vida.  Me sumergí en un mundo fantástico que me llevó por el camino de la fantasía a mí también”, confiesa.

Actualmente la escritora está gestando la cimiente de un nuevo libro La Dragona Dorada y el jaguar. Son relatos breves, que tienen la mirada masculina de Leo Batic.

Héctor Martínez, artista plástico que realizó en óleo la tapa del libro Diario de una Búsqueda.

Las luces del mundo mítico pueden iluminar el presente

“Para las culturas orientales el dragón no tiene nada de demoníaco, es una entidad muy poderosa relacionada con la tierra. Incluso para las culturas incaica, azteca, maya, mapuche, la serpiente alada, que no deja de ser un dragón, representa justamente la energía del universo y tiene una personalidad y una función muy concreta. Para ellos el arte era parte de la vida, hasta para mantener la salud. Nosotros lo hemos perdido, destaca en una entrevista el artista y escritor, Ciruelo Cabral, quien realizó un ciclo de charlas en Merlo.

Fueron algunas estas historias que encendieron la llama en la escritora para comenzar a parir su Diario de una búsqueda.

– Sobre Diario de una Búsqueda. ¿Qué va a encontrar el lector entre sus páginas?

Ese libro salió a la luz tras las palabras de Ciruelo Cabral que me inspiraron a bucear en el mundo fantástico. Él ha realizado muchas videoconferencias con alumnos de muchas escuelas en la Villa de Merlo. La última y más rica fue la que mantuvo con los pequeños del Colegio Rural de Cañada la Negra. Él expresaba mensajes que yo necesitaba darle trascendencia más allá de las cuatro paredes de las aulas en que se desarrollaban. Y cuando uno se embarca en la fantasía de la mano de un Maestro como él, suceden cosas que reflejé en cuentos.

Hablo de supuestos capítulos porque lo he separado en 13 Lunas. Eso le da la estructura de un proceso de un año lunar según el calendario ancestral que tenían nuestros pueblos originarios. Por supuesto San Luis también. Con la llegada de los españoles se impuso el calendario gregoriano y con ello se dejó de mirar la luna para saber del tiempo. Bien, este libro pretende por varias latitudes que elevemos nuestra mirada hacia otra parte.

– ¿Cómo fue el proceso de creación de tu cuarto libro Seres mitológicos de San Luis?

Te lo describo contándote la intimidad de mi primer relato. El ser del que escribí se llama el Guardián de las Espinas. Me atrapó el sentimiento de los duelos que hacemos los que nos quedamos en San Luis cuando muchos afectos se van, desertan, vuelven a sus ciudades de origen.

Estaba en mi cuarto mirando por un ventanal que da a las sierras y a las copas de muchos árboles cuando percibí o imaginé (que cada uno le ponga el nombre que desee) que en las ramas hay seres invisibles a nuestros ojos que nos ponen pruebas muy simples para saber si verdaderamente estamos preparados para este territorio. La prueba es tirarnos a nuestro paso todo tipo de espinas ante las cuales tenemos que aprender a extraerlas de calzados, atuendos, piel y cabellos. La narrativa finaliza que quienes no pueden sacarse las espinas regresan a sus lugares de origen. En San Luis no se queda cualquiera.

– Si tuvieras que definirlo en pocas palabras a Seres mitológicos de San Luis, ¿cuáles serían esas palabras?

Es un libro de percepciones mágicas actuales. De los que vinimos de otras provincias y de las personas nativas. Nos representa a todos, nadie podrá decir que no sintió en nuestras sierras, valles y salinas un sentimiento similar al que deja cada historia.

– ¿Hay un cambio como autora en la María Inés del primer libro, a este?

Absolutamente. El primer libro llamado El Tajo, fue producto de una cirugía de extracción de tiroides. Ese libro considero que es un grito, una declamación de todo lo guardado por años. Le agradezco su compañía en esa etapa a Guillermina Gómez Miró, integrante del grupo teatral Los Piripulos, que me ayudó a darle forma a esta catarata de expresión acumulada tantos años.

Descubrir los Dragones, las Mujeres de Saber y los Dioses Andinos de Ciruelo Cabral fue un bálsamo en mi vida.  Ciruelo me recomendó que lea la Saga de los Confines de Liliana Bodoc, dijo algo así: “un escritor que se interesa por el mundo fantástico no puede dejar de leer esta trilogía”. Y ahí fui… y descubrí a la Madre de los Confines mientras vivía una vida paralela con cada uno de sus personajes y aventuras.

Así comencé a trabajar en un nuevo género que denomino mística fantástica. Las palabras que empiezan a salir son menos inocentes que en mi primer libro. Ahora mis textos pretenden jugar con sensaciones e imágenes llevando adelante un sentido social que va más allá de la declamación del primero.

– ¿Cómo comenzaste a escribir?

Comencé desde pequeña. Pero hacia 1998 me fue muy significativo Ray Bradbury para desarrollar un hábito. Él dice en Más Rápido que la vista: “¿Cuál es mi recomendación final para mí mismo, el niño mago ya maduro y ustedes? Cuando las voces del teatro del amanecer suenen en su cabeza dispuestas a limpiarles los senos nasales, no se demoren. Peguen un salto. Estas voces pueden desvanecerse antes de que corran a la ducha para ordenar sus ideas. La velocidad es fundamental. La carrera a ciento cincuenta kilómetros por hora hacia la máquina de escribir es una cura certera contra el desenfreno de la vida y la realidad de la muerte. Apresúrate a vivir. Si por Dios. A vivir y a escribir. A toda prisa.” MAS RÁPIDO QUE LA VISTA – pág. 283 – EDITORIAL EMECE – 1997. Gracias al señor Bradbury pude sentarme para crear una narrativa allí cuando la historia aparece.

– ¿Qué llega primero a la hora de escribir, la imagen o la palabra?

Te diría que lo que llega primero es un sentimiento, una respuesta a una pregunta, no es visual el origen, es más interior, es una paz o una angustia muy fuerte que busca una respuesta. De ahí se van construyendo personajes que comienzan a ser visibles en imágenes ocupan un sitio y desarrollan acciones con otros personajes que también sienten. Para sintetizar te diría que el sentimiento trae la imagen, la imagen la palabra, la palabra nuevas imágenes y la acción nuevos sentimientos.

-Escribir es una huida a…

Me cuesta responder esta pregunta por el significado de Huida. Dice el diccionario que es la partida precipitada de un lugar o cosa.

Sí creo que escribir es una necesidad de estar en otro lado, pero no es una huida porque está ahí siempre, y me llama con su índice diciendo “mirá lo que hay para vos”. Aprendí a no hacerle caso todo el tiempo porque debo estar abocada a mis hijos, por ejemplo.

Es más… pienso… “huyo a la realidad cuando escribo”, ahí si es precipitado el regreso a lo cotidiano porque si los hijos tienen hambre hay que responder con cierta rapidez y preparar la comida.

– ¿Qué significa en tus obras Liliana Bodoc?

En este momento ella es la Escuela, la Amiga, la Consejera. Y todo con mayúsculas. Cuando Ciruelo Cabral me habló de ella y leí la trilogía de la Saga de los Confines yo estaba comenzando a escribir Diario de una Búsqueda, mi tercer libro. Eso fue hacia el 2015. La contacté y le pedí si podía ser la tutora de esa obra, ya que involucraba mi búsqueda espiritual, aquí en Merlo San Luis, de la mano de Los Dragones, Hadas y Ciruelo.

Aceptó y ese año comenzamos a trabajar. No se imaginan los nervios cada vez que recibía un correo de ella con las correcciones. Pero como es de esperar, en una persona más que amorosa como Liliana, toda modificación y sugerencia estaba cargada de palabras inspiradoras que me llevaban a un nuevo lugar de hallazgo.

– ¿Qué escritores puntanos te han inspirado?

De los clásicos ya consagrados te digo, sin lugar a dudas, que el poeta Antonio Esteban Agüero particularmente en las obras no tradicionales y conocidas. Lo disfruto mucho cuando leo su Oda al Vino o su poesía dedicada al Dios Negro. Ellas están en las obras completas editadas por la Provincia de San Luis.

También Berta Vidal de Battini como ya les he contado. El trabajo que ha hecho es increíble y mucho más ubicado en el tiempo, desarrolló su obra en el transcurso del 1900 cuando los registros eran manuales y los medios de transporte, terrestres y lentos.

Luego gracias a las actividades literarias que hay en la Costa de los Comechingones he leído muchas obras de escritores contemporáneos que con mucho esfuerzo logran editar su libro. La poesía de Enrique Sandri de Santa Rosa del Conlara es audaz, transgresora, pero de una calidad poética que me eleva a la reflexión cada vez que lo escucho. Juan Andrés Despuy tiene una prosa muy irónica y humorística, cada vez que lo escucho es un recreo ante rutinas y preocupaciones. Juan Carlos Ortega con la poesía que inspira cada escultura también me lleva a un salto imaginativo.

Fotos: Manuel Horacio Rubín/ Puma Milazzo