¿Qué es un lector o lectora? Según la RAE simplemente es aquella persona que lee o que tiene afición por la lectura. Esa es la parte sencilla de la definición, pues hay muchos tipos de lectores porque la lectura nos ofrece distintos niveles. Podemos hacer una lectura más superficial o una más profunda, todo depende con qué intención e interés la abordemos.

Muchos estudios hay sobre los tipos de lectores y los tipos de lecturas, así tenemos desde un lector pasivo hasta un lector activo, donde el pasivo es aquel que simplemente decodifica las grafías y no profundiza más allá del sentido literal de la lectura. Algunas personas se quedan en este período, por ejemplo con las novelas llamadas históricas, de sumo éxito en estos tiempos, que son tomadas como la pura verdad por algunas lectoras, que olvidan que allí Sarmiento, Rosas, etc. aparecen ficcionalizados.

En cambio el lector activo es el que busca completar el sentido de la obra, el que indaga sobre el sentido metafórico, el que se pregunta qué quiso decir el autor con esto o aquello, el que dialoga con el escritor a través del texto.

Julio Cortázar, a través de Morelli en Rayuela, afirma que el escritor debe lograr “hacer del lector un cómplice, un camarada de camino”; a este “lector cómplice” se opone el “lector hembra” (luego se retractó por la elección de esta palabra). Y a cada uno se corresponden las clases de novelas, como la novela rosa o novela rollo chino, que necesita un lector hembra. El lector cómplice, al terminar la lectura, habrá creado en su mente un nuevo texto.

También hay lecturas sencillas, ideales para lectores inexpertos, y otras más complejas solo comprensibles para lectores expertos. Esa transformación de inexperto a experto requiere un camino lector; en algunos casos comienza en la niñez, desde la cuna y la casa, y luego acompañado en la escuela; y en otros es recién en la escuela donde se da ese punto de partida para un largo recorrido.

Con los años adultos viene la etapa de releer, y allí una misma persona descubre un nuevo libro porque ya no es el mismo lector. La experiencia, la vida, el estudio, otras lecturas, brindan una nueva perspectiva más amplia que nos lleva, como adultos, a zambullirnos en los más profundos niveles de aquel libro que leímos como niños o como adolescentes.

Y si hablamos de niños, ellos son los “lectores escuchadores”; una de las más bellas experiencias en torno a la lectura es observar los ojos de los niños cuando son atrapados por un cuento: ellos escuchan y sienten la historia con todo el cuerpo, se estremecen ante la aparición del lobo feroz y respiran aliviados por la llegada del cazador, y si miramos con atención podemos ver en sus ojos a la imaginación en plena actividad.

Finalmente, se me ocurre postular un “lector araña”. Es el lector que teje una red entre todas sus lecturas, sus experiencias, el que construye, deconstruye y vuelve a construir una lectio. Como a las arañas, esa red tiene dos funciones: atrapar presas y desplazarse por su ambiente, es decir, atrapar nuevas lecturas y volver a ellas cuando lo necesite.

 

 

 

Por Silvia Adre

Fotos: web