La Universidad tuvo su primera sede en el Museo Casa del Poeta, oficina que todavía conserva. La institución educativa adhirió durante este último año a los festejos del centenario del nacimiento del máximo poeta puntano.

El Capitán de Pájaros cumpliría hoy 101 años. Antonio Esteban Agüero trascendió a su tiempo, siendo fuente de inspiración para diferentes generaciones de artistas. Quedó su gran legado: la impronta agüeriana. Ese lugar privilegiado, la casa en donde se forjaron letras que cruzaron fronteras y se reunió el conocimiento, en el siglo XXI cobijó el nacimiento de la Universidad Nacional de los Comechingones, bajo la conducción de la rectora Agustina Rodríguez Saá.

Nacen los versos    

En Piedra Blanca, hoy lugar privilegiado de descanso para el turismo, de paisajes serranos y arroyo transerrano, vino al mundo –a las 7, del 7 de febrero de 1917- el escritor que fue evaluado, entre otros, por Jorge Luis Borges en un jurado que le otorgara uno de sus galardones de mayor relevancia nacional.

En una modesta casita de campo, de adobes gordos que resguardaban del frío, muy cercano a la zona de Leopoldo Lugones, el poeta aprendió a caminar y a balbucear sus primeros decires.

Hubo un vacío que, probablemente, haya buscado llenar con palabras en esa casona blanca despintada, solitaria y humilde, antecedida de parrales firmes frente a la calle de tierra blanda, que rompía el viento en una esquina del centro merlino, adonde se trasladó con su madre, María Teresa Blanch, después de haber sufrido una gran pérdida.

Agüero, que empezó a escribir poesía a los 15 años, tenía en su adolescente búsqueda, un dolor que intentó suturar con letras: había perdido a su padre –también llamado Antonio Esteban Agüero- cuando tenía sólo dos años y no había imagen, aroma, sabor de abrazos, ni registro de voz que su memoria pudiera traer del inconsciente.

Patio universidad 

Hace más de medio siglo, en el patio verde, escapado de las galerías de la vieja casona, frente a lo que hoy es calle Sobremonte esquina Poeta Agüero, un hombre silencioso ocupaba tardes devorando páginas y capítulos mientras los niños aprovechaban ese verde para jugar –inocentes- a ser grandes.

En ese mismo espacio que ayer fue inspiración y verde memoria, relajo y juguete, hoy se posa una de las sedes de la UNLC, que pretende ser inspiración y futuro para los que todavía juegan. Allí desde donde trascendieron poemas nació el sueño de la Universidad.

Por eso, la institución educativa adhirió a las celebraciones que hubo durante el año del centenario del nacimiento de Agüero, uno de los máximos referentes de la cultura de San Luis.

El 7 de febrero de 2017, la Universidad participó de la fiesta central por el aniversario de su natalicio.

Además, la institución realizó una publicación en la que rescató la impronta del escritor merlino y el arraigo con su tierra. Una revista con poemas de Agüero y reseñas a sus lugares y “decires”. Un momento histórico para la cultura merlina que coincidió con el nacimiento de una universidad nacional, pública y gratuita en la ciudad serrana.

En octubre, en un acto en el cementerio local, al cumplirse 33 años de “El regreso del poeta” a la Villa de Merlo, la Rectora descubrió una placa en una de las paredes de la tumba del escritor y otra placa en el patio del Museo Casa del Poeta.

Impronta agüeriana  

Con estampa firme, presencia de águila erguida ante la rapiñada, solemne peinado “a la gomina” y ojos azules profundos como el de los que cazan coplas en el ruido del arroyo, el poeta le abría la persiana a sonetos, epistolarios, música y métrica. Y a los decires, que eran su necesidad, como si el ardor llegara desde el pecho hasta la garganta y fugara en letras vivas, para que las sierras no griten silenciosas lo que los vientos callan. Antonio Esteban Agüero supo desde muy chico que la poesía es la libertad verdadera, calor que quema y a veces duele.

El gran poeta, que le cantó a su pueblo y a su tiempo, que le enseña a estos nuevos tiempos, que nació el 7 de febrero de 1917 y se fue el 18 de junio de 1970, sigue vivo y presente en sus libros, en letras que cruzaron siglos, en sus palabras tajantes y alegres, fuertes y apasionadas, con esa voz alta y penetrante. El poeta nos dice, más allá de las letras pero con sus letras: “Sí, nada más, / vivamos, / solamente vivamos”. Y sus letras continúan naciendo para generaciones, y él sigue vivo en Merlo.