A continuación, publicamos un artículo de la Rectora Organizadora de la Universidad Nacional de los Comechingones, Mg. Agustina Rodríguez Saá, en el Día Internacional de la Mujer.

El Día Internacional de la Mujer genera múltiples reacciones en todo el mundo. Es una jornada que invita a la reflexión para aunar esfuerzos en erradicar no sólo el alarmante número femicidios y casos de violencia de género –que son quizá las manifestaciones más evidentes de desigualdad de género– sino además, la revisión de conductas, reglas organizacionales y mandatos sociales discriminatorias.

En la actualidad, se reclaman acciones positivas para lograr una igualdad real de trato y oportunidades, de manera de hacer efectivo el derecho a la igualdad previsto en nuestra Constitución Nacional. La reforma constitucional de 1994 incorporó explícitamente el principio de igualdad real de oportunidades a varones y mujeres para el acceso a los cargos electivos y partidarios (en su artículo 37); la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna, en el ámbito educativo (en el artículo 75, inciso 19); y la igualdad real de oportunidades y de trato, en particular respecto de los niños, mujeres, ancianos y personas con discapacidad (en el artículo 75, inciso 23), para lo cual habilita asimismo las llamadas “medidas de acción positiva”.

En el ámbito de la ciencia y la educación, según cifras de UNESCO de 2014, las mujeres son una minoría en las actividades de investigación científica en el mundo: representan menos del 30% del total de personas dedicadas a la investigación.

En las escalas regionales algunas cifras despiertan sorpresas. En el caso de Norteamérica y Europa Occidental, las mujeres dedicadas a la investigación científica alcanzan sólo un 32.2% del total, frente al 44.7% de América Latina y los países del Caribe. Argentina, por su parte, ocupa el cuarto lugar de la región latinoamericana (53%) detrás de Bolivia (62.7%) que se ubica en el primer lugar.

Otro tanto ocurre con el acceso y la graduación en estudios de posgrado, especialmente cuando se trata de estudios doctorales. Entre el total de las mujeres graduadas en el mundo, sólo el 44% alcanzan estudios doctorales.

Si bien los guarismos cercanos a la paridad de género son alentadores, las tendencias mundiales suelen repetirse cuando se desagregan los resultados por áreas del conocimiento. Mayoritariamente las mujeres eligen profesiones orientadas a la “Salud y el bienestar” (73% en nuestro país en 2012) y, en mucho menor medida, las ingenierías (31% en Argentina). Al mismo tiempo, UNESCO alerta sobre las bajas tasas de mujeres latinoamericanas en Ciencias de la Computación.

Sobre la brecha de género en el campo científico tecnológico los diagnósticos abundan plagados de metáforas arquitectónicas: el “muro” que plantea la maternidad para la continuación sin altibajos de los proyectos profesionales; los “techos” de cristal en el ascenso de las mujeres a puestos de liderazgo en instituciones científicas y de educación superior; la escasez de “flujos” de financiamiento y falta de apoyo institucional para promover sus carreras científicas; el carácter jerárquico y “piramidal” de los sistemas científico-tecnológicos; los límites de edad estipulados en los sistemas de promoción científica; las “mediciones” utilizadas para evaluar la productividad; etc.

Si los obstáculos culturales y los estereotipos sobre las mujeres tienen todavía el peso inamovible de los límites intangibles, promover la igualdad desde la niñez, generando en las niñas el apetito y amor por la ciencia es un paso fundamental.