Tenía 72 años. En diciembre había sido declarado ciudadano ilustre de Villa de Merlo. Ayudó en los primeros pasos de la Universidad Nacional de los Comechingones. Y fue un referente cultural de la ciudad serrana.   

Anoche se paralizó la cultura merlina. El dolor se apoderó de la madrugada. Y hasta el cielo lloró, dando paso a un viernes gris, de luto. Murió Don Juan Carlos Ortega. Ese gran escultor, escritor, músico, amigo de la gente. Un gran hombre de corazón humilde.

Ortega tenía 72 años, pero el espíritu de un joven inquieto. En diciembre había sido declarado ciudadano ilustre de Villa de Merlo.

Ortega ayudó en los primeros pasos para que la ciudad serrana cumpliera el sueño de ser sede de la Universidad Nacional de los Comechingones.

Hace tiempo, en una entrevista que le concedió al equipo de Comunicación de la UNLC, Ortega recordó la idea que trajo a la Villa turística el senador Adolfo Rodríguez Saá en sus tiempos de gobernador de San Luis. Y contó que, el por entonces intendente, Julio Falco lo invitó a formar parte de la comisión que con el tiempo desembocó en la Fundación Pro Universidad Nacional de los Comechingones.

El artista rescató la importancia que tenía por aquellos tiempos la creación de “una universidad que viniera a satisfacer las inquietudes de los jóvenes de la región”.

“Después fui convocado por la rectora Agustina Rodríguez Saá para expresar mi opinión sobre los alcances de los contenidos, con ánimo de tener una visión muy amplia”, dijo en ese momento.

También contó que “el proyecto es muy bienvenido” en el Valle del Conlara y en Traslasierra, Córdoba. “Es un honor y una satisfacción poder hacer un aporte”, había agradecido el escultor.

Para Ortega, “que una casa de altos estudios tome el nombre de los pueblos originarios” lo hacía sentir “reconfortado y orgulloso”.

Ayer, el intendente Miguel Ángel Flores decretó dos días de duelo para despedir a uno de los principales referentes culturales que tuvo la ciudad serrana. Fue el primer Secretario de Cultura que tuvo en su gestión el jefe comunal.

Ortega logró exponer sus obras en toda la provincia, en otros puntos de la Argentina y en otros países.

Estaba casado y tenía cuatro hijos. Con la madera del algarrobo hizo maravillas. De un talento asombroso, fue gran admirador del poeta Antonio Esteban Agüero, como si la comunión con el algarrobo los hubiera unido.

Ortega, que fue reconocido por la UNLC, tuvo el honor de ser el primer presidente de la Asociación Cultural Casa del Poeta Agüero, también fue docente del instituto Monseñor Orzali y de la Universidad de San Luis. Además de concejal de Merlo y diputado provincial en 1987.

Ayer, mientras estaba internado en Córdoba, sufrió complicaciones en su enfermedad (que lo tenía mal desde hacía tiempo) y se fue físicamente. Pero su testimonio de vida quedará para siempre en su obra y, como sólo mueren de verdad quienes mata el olvido, Don Juan Carlos Ortega vivirá para siempre en la comunidad merlina, y de todo San Luis.