Por Franco Todone
Ingeniero Forestal – Master en Gestión de Incendios Forestales
Director General del Departamento de Ciencias Ambientales y Producción de la UNLC

Según información publicada por el INPE (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil), la cantidad de incendios en la Amazonia y la sabana tropical americana en lo que va de 2019 aumentó un 80% con respecto al mismo período de 2018, lo que conlleva irreparables pérdidas para la biodiversidad y los servicios ambientales planetarios con altísimas tasas de emisiones de GEIs (gases efecto invernadero) a la atmósfera. Si bien la porción  sur de la selva amazónica se encuentra atravesando su temporada “seca”, por lo que no es raro observar quemas o incendios forestales, la incidencia atípica de fuego este año resulta por lo menos llamativa. Dicho esto, resulta bueno aclarar que el drama de los incendios forestales, como toda problemática ambiental, es multicausal y compleja por lo que no debemos atribuirle una sola causa y pensar en una única solución.

Existen factores que desestabilizan y predisponen a los ecosistemas a las catástrofes como es el Cambio Climático, que se manifiesta cada vez más intensamente en la Amazonia ampliando la temporada de incendios y elevando las temperaturas promedio, lo que genera un escenario más propicio para ocurrencia y propagación de fuego. El factor climático es un determinante para la capacidad destructiva de los incendios. Durante este siglo se comenzó a observar una nueva generación de fuego, mega incendios forestales que propagan sin chances de ser controlados y llegan a afectar zonas remotas nunca antes afectadas como los bosques boreales próximos al ártico, el segundo bioma más grande del planeta.

 

El otro factor predisponente es la extracción maderera desmedida en las áreas selváticas contiguas a los campos productivos. En estas zonas de transición, más frágiles desde el punto de vista ambiental, se producen grandes huecos en la cobertura forestal por la tala de árboles que se comportan como sitios de fuga de humedad y aumentan la inflamabilidad del ecosistema.  Estos factores hicieron que esta selva, antes una barrera infranqueable para el fuego, por su exuberancia y reservorios de agua y carbono, sea cada vez más vulnerable a los incendios.

Por último y como principal factor desencadenante de este tipo de catástrofes se encuentra la quema de campos contiguos a la selva, que son deforestados por el hombre para su limpieza, preparación y posterior uso ganadero y agrícola. Estas quemas suelen quedar fuera de control debido a la alta carga de combustible e intensidad e ingresan como incendios forestales dentro de la selva que en estos casos se encuentra más predispuesta a propagar el fuego por los factores antes descriptos.

Estas quemas, reguladas o no, se han incrementado fuertemente en los últimos dos meses. Analizando las imágenes satelitales y las mas de 70.000 anomalías térmicas de los sensores MODIS y VIIRS publicados por el Sistema de Información de incendios de la NASA, se evidencia una coincidencia entre la localización de los focos activos y las áreas de extracción maderera y/o desmonte que generalmente son los bordes sur de la formación amazónica y gran parte de la sabana. Por consiguiente, se puede asociar este comportamiento y distribución espacial de los focos a una lógica de avance de la frontera agropecuaria, descartándose las causas naturales como los rayos.

En conclusión, tan o más alarmante que las causas de los incendios y el humo es el grado de fragilidad y vulnerabilidad al fuego que hemos llevado a nuestros ecosistemas. Esto quiere decir que los incendios podrían ser cada vez más extensos y destructivos en este tipo de biomas o ecosistemas globales. Con ello se perjudica gravemente a los servicios ambientales que estos grandes pulmones le brindan no solo a las personas sino a todos los sistemas de vida del planeta.