Por Andrea Amaya y Fernando Saad, docentes de la Licenciatura en Artes Visuales (UNLC).-

¿Podemos educar desde soportes tecnológicos en la virtualidad, perdiendo la posibilidad del encuentro que necesita el estudiante de artes visuales? Esta es la pregunta que, frente a la problemática mundial, nos hacemos las y los docentes de la Licenciatura de Artes Visuales, de la Universidad de los Comechingones.

Estudiar esta opción, y hacerlo desde la convicción de que una visión innovadora de la accesibilidad a la formación, y de las posibilidades que las nuevas tecnologías incorporan, pueden facilitar y/o extender las posibilidades de globalización de los aprendizajes artísticos, es un desafío.

La UNLC fue creada con una modalidad presencial que incluye, entre otras carreras, la Licenciatura en Artes Visuales. Y tuvo que afrontar, al igual que todos los establecimientos educativos, un diseño de aulas y clases desde la virtualidad para cumplir con las disposiciones nacionales respecto de la pandemia del COVID-19.

Esta labor se realiza en la búsqueda de cumplir con uno de los mayores objetivos de la institución: equiparar las desigualdades e inequidades en el acceso a la educación superior de algunos sectores sociales más vulnerables.

La disposición del trabajo en el entorno virtual de educación

En el desarrollo habitual de nuestras actividades, el entorno actual de la pandemia dentro de las actividades académicas supuso una alteridad en las propuestas didácticas planificadas.

Aquellos recursos que pretérito referían a alternativas a las clases presenciales, como resultan el classroom, videos, material de cátedra especializados, infografías, y sobre todas las cosas, la presencialidad frente a los estudiantes; fueron transformados. Del mismo modo, estas prácticas, suponen una relación afectiva, indispensable en el proceso de disciplinas artísticas, donde las emociones, las personalidades e intereses de cada uno de nuestros estudiantes, se ponen en juego.

La determinación de estos nuevos escenarios también implica, a los fines de sostener el nivel requerido de interacción, la contemplación de formatos que aseguren la práctica asociada a nuestros espacios curriculares, atendiendo aquellos conflictos que puedan llegar a surgir, especulando las alternativas y atentos a las posibilidades de concreción real de los objetivos a lograr.

En cuanto a la redacción de nuestros materiales, entendemos la necesidad de generar textos significativos, que los atraviesen emocionalmente, que les permita llevarlos al ámbito del hacer inmediatamente y poner en juego el saber teórico con el práctico. Cuanto más organizadas, mejor serán las propuestas de aprendizaje; se deben diferenciar cada momento, esto permitirá a nuestros y nuestras estudiantes entender las nuevas dinámicas propuestas sin inconvenientes, ya que irán acompañadas de imágenes, videos demostrativos y referentes a tener presentes, lo que hará a menos y comprensibles nuestros materiales de cátedra, y mayor entusiasmo generará el estudio de los mismos. Disponiendo, además, de las ventajas del e-Learning: la posibilidad de incluir enlaces, archivos adjuntos y audios, entre otros.

Consideramos el escenario de enseñanza virtual como un proceso semejante a contar una historia. Como docentes, contamos esa historia. En ese escenario creado, los y las estudiantes plantean sus objetivos en función de resolver, de forma personal, ética, crítica y creativa, las situaciones-problemas presentadas. Y será, en ese proceso, donde a partir de la síntesis, de la relación con sus pares, y la interacción con nosotros, surja la forma propia de aprender y autoenseñarse a ser artistas.

Entonces, ¿podemos enseñar y aprender Artes Visuales en la virtualidad? Ésta es la principal pregunta que debemos intentar responder.

Partiendo de la concepción de la educación como una experiencia humana, y de maduración personal, consideramos que la respuesta no puede ser otra que afirmativa. Las experiencias humanas, la maduración y la reflexión, son procesos individuales, que pueden ser vividos en y desde una comunidad, pero que en tanto los procesos educativos deben —o pueden— ser pautados, además de estar circunscritos, en un espacio en el que son posibles las vivencias y las sensaciones.

Como dice Juan Luis Cebrián, «tenemos que reinventar y reconstruir nuestro concepto de educación, adaptándolo a un mundo en el que los alumnos no solamente reciben conceptos, sino que los crean y los transmiten a los demás».

Pero todo esto no será posible si, como señala, J. Ardell, los educadores no redefinimos nuestras prioridades impulsados por las implicaciones de las nuevas tecnologías, que el campo de las artes no pueden quedar al margen. 

BIBLIOGRAFÍA

ARETIO, S. (1995): La creatividad. Madrid: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

CEBRIÁN, J.L. (2000): La red. Madrid: Suma de letras, S.L.

GOMBRICH, E. (1979): Historia del arte. Madrid: Alianza Forma.

VV.AA. (1994): Creatividad y educación. Barcelona: Paidós educación.

Arte, individuo y sociedad ,2002, Revista N° 14-  106 ISSN 1131-5598