Por Luciana Fueyo Sánchez, Doctora en Biología y docente de la UNLC

Hoy, 22 de abril es el Día Internacional de la Tierra. En numerosos sitios de las redes sociales puede leerse que es un día de celebración, un día para rendir homenaje a nuestro planeta, una de las expresiones más bonitas y ecológicas que tenemos para expresar nuestro amor por la tierra dejando claro nuestro compromiso con el ambiente. En este sentido, me parece importante detenernos y cuestionar este enfoque; ¿Qué estaríamos celebrando? ¿Es este día un motivo de celebración? o merece ser considerado como una conmemoración, un momento para reflexionar sobre las prácticas que tiene el actual modelo extractivista sobre los recursos naturales. ¿Cómo rendimos homenaje o manifestamos nuestro compromiso con el ambiente? ¿Festejando? ¿O preocupándonos por las crecientes problemáticas ambientales desde el confortable sillón de casa? O, por el contrario, y no habiendo nada que celebrar, reflexionando y tomando conciencia de la magnitud y los impactos del modelo capitalista –neoliberal que, junto con el colonialismo y desarrollismo, han transformado la tierra como fuente de vida y espacio de hábitat de las comunidades en una propiedad privada que se puede comprar, vender y conquistar (Shiva y Mies, 1993). Esta transformación que ha cambiado el papel del Hombre de especie huésped a especie predadora, que domina y se cree dueña sobre las restantes especies de la biodiversidad planetaria, ha causado el mayor ecocidio ambiental. Por todo esto, en tiempos de pandemia y crisis ambiental, una manera de conmemorar este día es desde la acción, desde la búsqueda de alternativas de cambio hacia modelos real y verdaderamente más amigables con el ambiente, para cambiar el rumbo y evitar el colapso ecológico, social y civilizatorio.

En este marco, el ecofeminismo trata de la conexión y la integración de la teoría y la práctica. Es una corriente que surge a finales de los años 70 y principios de los 80 a partir de diversos movimientos sociales tales como los movimientos feministas, pacifistas y ecologistas. Desde esta perspectiva se ofrece una alternativa a la crisis de valores de la sociedad consumista e individualista actual. Los enfoques de estas dos corrientes de pensamiento crítico, feminismo y ecologismo, otorgan la posibilidad de tratar transversalmente dos enfoques que a primera vista no parecen conectados (Puleo, 2012). Por un lado, la corriente feminista que se enfoca en la búsqueda de los derechos, bienestar y justicia para erradicar las desigualdades de género de la sociedad patriarcal; mientras el ecologismo describe y denuncia la concepción antropocéntrica de la dominación de la naturaleza a través de la conquista, colonización y crecimiento ilimitado. Desde esta perspectiva integradora ecofeminista se propone que la sostenibilidad sin justicia medioambiental es imposible y ésta no es posible sin que exista justicia entre los sexos y las generaciones. Esta proposición tan contundente se relaciona con lo que Vandana Shiva ha denominado masculinización de la madre tierra. En la constitución y desarrollo de los estados y el posterior dominio de estos por las empresas transnacionales la metáfora de la “Madre Tierra” desaparece del discurso y el estado o las empresas transnacionales pasan a comportarse como un parens patriae – un padre patriarcal- que domina, controla y mercantiliza la vida. Es en este punto donde ecologismo y feminismo se encuentran a través del dominio y el control tanto de las mujeres como de los recursos naturales, es decir que son manifestaciones de la misma mentalidad masculino-patriarcal que pretende negarnos el derecho a nuestros cuerpos y sexualidades apoyándose en múltiples sistemas de dominación y control del poder para imponerse (Shiva y Mies, 1993). Por esta razón, el pensamiento ecofeminista sostiene que el patriarcado que se caracteriza por una voluntad de dominio y control, hoy resulta ecológicamente suicida.

Con este contexto global actual, el cual se vio incrementado por la crisis ambiental y sanitaria causada por el Covid-19, desde la perspectiva ecofeminista se propone transicionar hacia nuevos paradigmas que dejen atrás el manejo de los recursos desde una visión patriarcal que no consideran los derechos de las mujeres ni los de la Naturaleza. Es decir que se produzcan cambios desde las posturas antropocéntrica y patriarcal hacia una postura biocentrica y feminista, de una visión de la naturaleza como objeto a la naturaleza como sujeto “femenino- Madre tierra”, que consideren los derechos de la naturaleza y de todos y cada uno de los seres vivos que habitan en la Tierra, hoy y en las generaciones futuras (Gudynas, 2010). En este enfoque ecofeminista, la mujer está más próxima a la naturaleza y a la ética del cuidado femenino de la protección y conservación de los seres vivos. El ecofeminismo pragmático se logra desde la concreción de diferentes formas que se direccionen hacia nuevas culturas o paradigmas de la igualdad y la sostenibilidad, tales como las prácticas de producción de alimentos agroecológicas, las redes de producción, distribución y consumo ecológicamente consciente y de la economía solidaria, las luchas por los territorios, la educación ambiental, las luchas por la igualdad y equidad de género, entre otros.  Todos estos cambios de paradigmas se pueden enmarcar en lo que Vandana Shiva ha denominado la “Revolución de la Simplicidad” en la cual se busca reducir nuestra huella ecológica y vivir dentro de los límites ecológicos, tomando conciencia de que vivimos en la Tierra interconectados con otros seres y por lo tanto la simplicidad es el único camino (Shiva, 2020). La simplicidad deja suficiente espacio ecológico para otros seres, ayuda a proteger el planeta aumentando la eficiencia ecológica -“menos es más”- y a crear una justicia ecológica y ambiental.

Con este contexto presentado, este día nos invitó a reflexionar sobre el hecho de que los humanos somos parte de la naturaleza, que no estamos separados ni somos superiores a ella, ni a ninguna de las otras especies que la conforman. Y que el hombre o algunos grupos humanos no son superiores a otros con derecho para dominar y someter. Por esto, es nuestra responsabilidad poner las manos en la tierra, recuperar, cuidar y conservar su fertilidad de un modo amoroso y “femenino” para nuestra generación y las futuras.

Bibliografía:

  • Gudynas E. 2010. La senda biocéntrica: valores intrínsecos, derechos de la naturaleza y justicia ecológica. Tabula Rasa. Bogotá – Colombia, No.13: 45-71.  ISSN 1794-2489.
  • Puleo A. 2012. Feminismo y ecología. Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid. Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid. Mujeres en Red. http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2060
  • Shiva V. y Mies M. 1993. Ecofeminismo. Traductores: Mireia Bofill, Eduardo Iriarte y Marta Pérez Sánchez. @Cleta Ediciones: 209pp.
  • Shiva V. 2020. Una revolución de la simplicidad: un imperativo ecológico y ético para proteger la vida en la Tierra y asegurar la justicia para todos los seres. Día Mundial de la Simplicidad. Re-publicación de Naturaleza de Derechos. Argentina. Traducción Lourdes Bacigalupo: 1-13.