Desde el año 2005 se celebra el Día Mundial del Reciclaje, declarado por la Unesco. La fecha no tiene un motivo aparente pero sí una particularidad, parece desembocar una y otra vez en una regla de tres.

Tres son los colores de los contenedores de reciclaje, azul, amarillo y verde, para papeles y cartón, envases y vidrio, y residuos orgánicos, respectivamente. Según parece, el uso de colores y otros mecanismos mnemotécnicos es para interesar a los más chicos en el hábito de reciclaje, y también es una de las razones de la regla de tres.

También son tres las flechas del logo asociado al reciclaje, que representan un ciclo continuo. Recoger los materiales, reciclarlos y luego reintroducirlos al mercado. El logo fue inventado para un concurso de la Container Corporation of America como parte del primer Día de la Tierra en 1970 y su creador, Gary Anderson, era un estudiante de la Universidad de California del Sur. Ese proceso infinito sirve como base para una economía sustentable.

Estas tres premisas, recoger, reciclar, reintroducir, suenan parecido al lema del día Mundial del Reciclaje, otro juego de memoria con tres erres. Reducir, reutilizar, reciclar. Con un pensamiento más globalista, la Unesco habla de reducir el material innecesario, ya sea las bolsas plásticas, los contenedores de los productos o la basura en general. Reutilizar se explica en sí misma, volviendo a darle vida a lo que creíamos basura, o como dice el dicho, la basura de uno es el tesoro de otro. Y reciclar, que es más que reutilizar, lleva detrás un proceso productivo. No se trata de darle un nuevo uso a un objeto sino de crear algo a partir de un producto de otro modo desperdiciado. El papel reciclado, ladrillos ecológicos, botellas de material reciclado, prendas de vestir hechas con plásticos, son algunos ejemplos.

Se trata de reducir nuestra huella de carbono y de aminorar el daño a la capa de ozono, también de evitar la generación excesiva de basura. El día Mundial del Reciclaje nos invita a una reflexión personal, desde el uso de bolsas ecológicas, o la reutilización de latas o madera para hacer muebles. En la Villa de Merlo convivimos con una gran conciencia ambiental y podemos ver sus frutos a nuestro alrededor, pero existen otras facetas de la sustentabilidad, que va de la mano de la planificación y el trabajo a gran escala.

En la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC) comienza en agosto el curso de ingreso la Ingeniería Ambiental, una carrera con un perfil profesional orientado a este tipo de reflexiones. Investigar y desarrollar procesos tecnológicos en cuanto a recuperación y reciclaje de residuos urbanos, industriales, mineros y agropecuarios para su integración al medio ambiente es solo una de las posibles tareas del ingeniero ambiental. Se trata de la diferencia entre reaccionar a lo dado y planificar nuestra sociedad a futuro.