Como todos los años en la zona centro oeste del país, la época de déficit hídrico de invierno y primavera abre las puertas a una nueva temporada de incendios forestales, los que provocan daños a la biodiversidad, alteran el ciclo hidrológico, desprotegen los suelos haciéndolos más susceptibles a la erosión, entre otras alteraciones.  Lamentablemente, desde hace unas décadas esta problemática también significa un riesgo directo y creciente para localidades que poseen contacto entre las áreas urbanizadas y el entorno forestal, cuya población queda gravemente expuesta y/o vulnerable a potenciales incendios.  

Recientemente el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) dio a conocer que las perspectivas climáticas de este siglo no serán alentadoras, aunque se cumplieran todos los objetivos de reducción de emisiones GEI, lo que pareciera improbable, la temperatura media global superará indefectiblemente los 1,5 ºC, por lo que en materia de incendios forestales la situación actual puede presentarse aún más compleja.

Un incendio forestal mantuvo en vilo a las localidades de Papagayos y Villa Larca, en el año 2020.

“El mundo atraviesa una crisis climática sin precedentes, y fruto de ella los incendios forestales nos amenazarán de forma creciente. Nace una nueva generación de incendios que rompen marcas históricas de magnitud e intensidad, que responden principalmente al fenómeno del cambio climático al cual la sociedad en su conjunto ha demostrado hasta ahora poco compromiso y capacidad de adaptación. Son hoy la amenaza de vastas e inhóspitas zonas del planeta donde comúnmente no llegaba el fuego, pero también de regiones de transición urbano-forestal o de interfase, donde las viviendas toman contacto directo con potenciales fuegos. Estos escenarios son cada vez más numerosos y complejos, ya que los impactos derivados del fuego no son estrictamente ambientales, sino que también se pone en juego la seguridad de las personas que lo habitan. Y las localidades que componen el corredor de los Comechingones no estarían exceptuadas de sufrirlos”, explicó el Ing. Franco Todone, director del Departamento de Ciencias Ambientales y Producción de la Universidad Nacional de los Comechingones, en la edición N°3 de la Revista Escenarios que edita la UNLC.

Ante este escenario de desequilibrio natural, que supone una receptividad inédita de los ecosistemas mundiales al fuego, muchos de los territorios que habitamos no están preparados aún para afrontar semejante predisposición de la vegetación a arder. En ese sentido, señaló que “cada ciudadano, medios de comunicación, autoridades, docentes e investigadores debemos, entre todos, construir una cultura del riesgo, saber que somos vulnerables para luego actuar o exigir actuar”.

Y puntualizó que “en muchas partes del mundo los patrones de crecimiento de la urbanización tienden a ser más dispersos. Esto de dejar las ciudades, para dispersarnos en el medio natural es una conducta que favorece que la población tenga más contacto con las zonas susceptibles a incendios forestales y cuando no es planificada va a contramano de la problemática”.

En Carpintería el fuego se aproximó a las viviendas (Año 2020)

“Muchas veces confiamos y dependemos de que nuestros bomberos vengan a resolver el problema, cuando se sabe que el sistema de combate a nivel mundial está siendo superado ante esta situación. Debemos comprometernos activamente, si entre todos ayudamos a concientizar acerca del riesgo de incendios vamos a estar más preparados, más atentos y más preocupados por el tema, no solo en la temporada de incendios sino durante todo el año”, agregó.

Un aspecto clave e ineludible es el manejo preventivo de la vegetación en el ámbito rural y puntualmente en las inmediaciones de nuestras viviendas. El combustible vegetal es, ni más ni menos, la única variable que rige el comportamiento del fuego la cual el hombre puede modificar para minimizar sus impactos. La vegetación sin ningún tipo de tratamiento aumenta las chances de que el fuego alcance las viviendas y dificulta seriamente las tareas de extinción de los bomberos. Es urgente comenzar a pensar en una gestión planificada de la vegetación en las áreas con población expuesta, para ello los mapas de riesgo a nivel municipal son clave para identificar las zonas críticas y planificar otro tipo de crecimiento urbano, uno que también integre la variable del fuego.

“En la Universidad Nacional de los Comechingones, estamos formando profesionales técnicos con una visión integral del manejo del fuego para ayudar a afrontar estos desafíos. En la Argentina, a nivel universitario no existe una figura de técnico en incendios forestales, entendemos que es un elemento clave para profesionalizar la gestión integral de esta creciente problemática ambiental en todos los ámbitos de competencia”, concluyó el Ing. Franco Todone, Master en Gestión de Incendios Forestales.