El testimonio de tres sobrevivientes de la ESMA fue el eje de un conversatorio sobre los centros clandestinos de detención en la Argentina, desarrollado por la Universidad Nacional de los Comechingones en las horas previas al 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Néstor Alfredo Fuentes, Ricardo Héctor Coquet y María Eva Bernst contaron sus vivencias y sus sufrimientos ante un Auditorio colmado en la sede de la UNLC, en lo que constituyó una jornada emotiva y de reflexión. Alberto Montivero, ex preso político y militante de Derechos Humanos de la Villa de Merlo, participó también en el conversatorio como invitado especial, mientras que el presentador fue el director de Comunicación Marcelo Alcaraz.

Autoridades, estudiantes, docentes y nodocentes participaron en el conversatorio previo al 24M.

La parte vital de las historias, vivencias, afectos y formas de organización política, tan diversas en aquel contexto de nuestro país, fueron expuestas durante casi dos horas.

Fuentes, Coquet y Bernst coincidieron en destacar “la solidaridad e integración de la Universidad Nacional de los Comechingones para refrescar la memoria de los hechos aberrantes sucedidos durante la última dictadura cívico-militar”.

Ellos describieron las formas en que se estructuró la represión, su alcance y consecuencias que aún perduran.  “El miedo a la muerte era permanente”, relataron.

La rectora Agustina Rodríguez Saá, presente en el conversatorio sobre centros clandestinos de detención. A su lado, Luis Macagno, secretario de Turismo e hijo de desaparecidos.

Las autoridades universitarias estuvieron encabezadas por la rectora Agustina Rodríguez Saá; también estuvieron presentes estudiantes universitarios y de escuelas secundarias; el secretario de Turismo Provincial Luis “Piri” Macagno (hijo de padres desaparecidos), concejales locales, dirigentes políticos, docentes y nodocentes, en especial aquellos que sufrieron en carne propia la última dictadura cívico-militar a través del exilio o el padecimiento de sus familiares.

Testimonios

“Perdón si lloro, pero hoy es un día en el que debería llorar todo el país”, dijo Ricardo Coquet en un tramo de su intervención. “Éramos menos que personas. Éramos casos y números y nada más”, explicó a su turno María Eva Bernst.

El relato de los sobrevivientes fluctuó entre la angustia, la esperanza y la lucha, justo cuando pasadas las 19 una lluvia tímida fue antecedida por ráfagas violentas de viento afuera del Auditorio.

Néstor Fuentes es ingeniero agrónomo y doctor en Educación; Ricardo Coquet es carpintero y constructor; y María Eva Bernst trabajó en la industria y venta de calzado hasta su jubilación.

“Yo comencé a militar al preguntarme dónde estaba parado en el mundo, y creo que eso es lo más importante que puede preguntarse un joven”, dijo Coquet, en un mensaje dirigido a las chicas y chicos que llegaron de dos escuelas secundarias.

Néstor Fuentes, María Eva Bernst y Ricardo Coquet, los tres sobrevivientes de la ESMA.

“Yo no quería ser olvidada; gritaba y los insultaba (a los represores que la tenían secuestrada), luchaba por mi libertad”, explicó María Eva, al evocar un día en el que era trasladada junto con otros 50 compañeros y ya se creía con destino de muerte, aunque pudo volver a la ESMA: “No se qué pasó, si se arrepintieron o les dio pena; yo les decía que iban a dejar huérfanas a mis hijas”.

Una estudiante de 18 años, por su parte, dejó su reflexión sobre las generaciones que no vivieron la dictadura y sobre las familias que no hablaban sobre este tema.

Otros sectores del público -que participaron con consultas, inquietudes y opiniones- también dejaron su aporte para reconstruir el terror que se vivió durante los años de plomo.

El final para un encuentro de emociones fuertes en la Universidad Nacional de los Comechingones.

ESMA

La Escuela de Mecánica de la Armada fue uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio con mayor actividad en la dictadura cívico militar que estuvo en el poder en Argentina desde 1976 hasta 1983. Por sus prisiones se calcula que pasaron unos 5000 detenidos desaparecidos, de los cuales sobrevivieron alrededor de 200. La mayoría fueron desparecidos en los vuelos de la muerte.

La ESMA estaba bajo el mando de la Armada Argentina. El Almirante Eduardo Massera fue su mandamás. El centro clandestino no solo fue utilizado dentro de la “lucha contra la subversión” sino también como un lugar de trabajo esclavo para los intereses políticos de Massera.

Desde el secuestro pasando por el trato inhumano, la tortura, el robo sistemático de los hijos de los detenidos hasta la desaparición sistemática de personas, la ESMA se configura como un ejemplo paradigmático de la represión, solo compatible con los campos planificados por el nazismo.