Una de las consecuencias más tristes de la Guerra de Malvinas ha sido la situación de olvido a la que nuestra sociedad ha condenado a sus veteranos. De acuerdo con las cifras recolectadas por las asociaciones de ex combatientes, el número de sus camaradas que se han suicidado desde que terminara el conflicto habría igualado a la cantidad de soldados argentinos muertos por acción directa del enemigo. Sin embargo, dentro de esta historia de olvido e indiferencia, existe un grupo de mujeres que se encuentran en una situación aún mayor de invisibilización. La mayoría de nosotros no tiene noticia de que un grupo de mujeres participó, cumpliendo distintos roles, en la Guerra de Malvinas. Durante el conflicto hubo instrumentadoras quirúrgicas, enfermeras y operadoras de radio, que sirvieron en el teatro de operaciones del Atlántico Sur (TOAS) tanto en el continente como en las islas. 

Hasta el año 1985, en donde se permitió que por primera vez que estudiantes varones se inscribieran en la carrera de Instrumentación Quirúrgica, la profesión era ejercida de manera íntegra por mujeres. Sin embargo, y pese a eso, las mujeres se encontraban tan invisibilizadas en la práctica médica, que ninguno de los cirujanos militares se percató de la ausencia de instrumentadoras quirúrgicas en el contingente argentino desplegado en Malvinas hasta que los bombardeos comenzaron en las islas el 1º de mayo de 1982. La instrumentadora Silvia Barrera contó a Télam, el momento en que los directores del Hospital Militar les comunicaron la necesidad de instrumentadoras: «cuando empezó la exposición estábamos 32 chicas en el salón, y en la medida en la que nos iban poniendo al tanto de cómo estaba la situación y cuáles eran los riesgos primero se empezaron a retirar las que tenían hijos, después las casadas o las que tenían a los padres a su cargo, y al final quedamos sólo cinco voluntarias; como éramos menos que las necesarias se hizo una convocatoria similar a las chicas del Hospital de Campo de Mayo y de allá se sumó una más».

De manera inmediata las subieron a un avión hasta Río Gallegos y de allí al buque Almirante Irízar, que se había acondicionado como un buque hospital. Apenas llegadas al buque no fueron bien recibidas, dado que la superstición de algunos marineros los llevó a sostener que eran portadoras de “mala suerte”. Pero no terminarían allí los conflictos con el machismo para estas civiles que voluntariamente se dirigían a la zona de mayores combates. Llegadas a Puerto Argentino, bajo un constante bombardeo, no pudieron desembarcar. Dada la ley marcial, solo el personal con rango militar podía pisar el territorio de las islas, por tal motivo les concedieron a todas ellas el rango de Tenientes. Esto causó la protesta de los médicos militares, dado que tendrían el mismo rango que ellos. Se produjo entonces una situación casi surrealista que llevó al Capitán del Irízar a decidir que las instrumentadoras se mantendrían dentro del barco, sin poder bajar a tierra.

La situación de las otras mujeres que participaron de la guerra no fue mucho mejor. Aquellas que se quedaron trabajando en hospitales del continente, como instrumentadoras o enfermeras, también debieron sufrir diferentes formas de violencia machista. El caso más extremo es el de la enfermera Claudia Patricia Lorenzini, quien recién en 2015 se atrevió a denunciar los abusos sexuales sufridos por parte de sus superiores, el teniente José Italia y el suboficial José Vivanco. Lorenzini era una de las mujeres que habían ingresado al curso de enfermería brindado por la Armada Argentina y al momento de la Guerra de Malvinas tenía 16 años. Existen otras 5 denuncias de mujeres que aún prefieren mantener el anonimato; una de ellas llegó a denunciar a Italia y a Vivanco en por lo menos un episodio de violación. 

Sin embargo, no fueron solo argentinas las únicas mujeres afectadas por la Guerra de Malvinas. Por ejemplo, la enfermera inglesa Nicci Pough no sólo trató a soldados ingleses, sino también a aproximadamente una centena de pacientes argentinos y se sabe por fuentes no oficiales que uno de los tres civiles kelpers muertos por “fuego amigo” fue una mujer. De más está decir que ellas también han sido mayormente invisibilizadas. 

A pesar de todo el tiempo transcurrido, las mujeres que participaron de la Guerra de Malvinas, comienzan lentamente a salir de la invisibilidad. En este momento, la diputada por La Rioja Hilda Aguirre de Soria, ha presentado un proyecto de ley que propone otorgarle un reconocimiento como veteranas y modificar el artículo 1º de la Ley Nº 25.370 para que se cambie el nombre como el “Día del Veterano, Veterana y los Caídos en la Guerra de Malvinas”. 

A continuación, el listado de las mujeres que participaron del conflicto y con quienes, al igual que sus compañeros hombres, todo el pueblo argentino guarda una deuda de gratitud: Susana Mazza, Alicia Reynoso, Gissela Bassler, Sonia Escudero, Stella Morales, Ana Massito, Silvia Barrera, María Marta Lemme, Norma Navarro, María Cecilia Ricchieri, María Angélica Sendes, María Graciela Trinchín, Mariana Soneira, Marta Giménez, Graciela Gerónimo, Doris West, Olga Cáceres, Marcia Marchesotti, Nancy Susana Stancato, María Liliana Colino, Maureen Dolan, Elda Solohaga, Silvia Storey, Claudia Patricia Lorenzini, Esther Moreno, Elsa Lofrano y Cristina Cormac.

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(Foto: Télam)